Thursday, November 19, 2009

Bodegón de domingo por la mañana justo después de tomar el primer analgésico

La mentira es realmente el opio del pueblo. Las tabletas de chocolate. La cuota mensual del gimnasio. El maquillaje. Los preservativos con sabor a manzana. El éxito del retoque fotográfico del photoshop. Los borrachos y los niños nunca mienten. Falso. La borrachera es el momento más lúcido de la mentira. Hay hasta fuegos artificiales. Y música de fondo. Por supuesto. La resaca y las llamadas de teléfono y el dolor intenso de cabeza como si estuviesen clavándote lapiceros en el recto anal. Incómodo. Los deja vu y los breves e intensos flashes, como haces de luz camino del infierno, que desempañan la nebulosa. Dije ésto y dije aquello.

Estribillos y cintas de vídeo. Y grabaciones de mala calidad tras puertas blindadas junto a códigos frente a pegatinas y recomendaciones sobre las medidas a tomar, en caso de contagio, de la gripe A. Preposiciones. Y adverbios y advertencias.

Y.

Wednesday, August 13, 2008

La plataforma

Mientras Michael decide si volver a irse de putas o no, yo trato de dormitar sentado en el sofá. Robredo es mucho peor jugador que Nadal y el dobles flaquea. Los australianos tienen toda la pinta de ser quienes se lleven el gato al agua. Cierta corriente entra a través de la ventana de la galería y ante mis ojos pasa, fugaz, la idea de irme a la mierda de vacaciones. Quizás un poco más lejos. Sí, he discutido. No me miréis así. En la tercera estantería del horroroso mueble de salón, que imita lo añejo, hay una serie de fotografías mías. Delgado y con pelo. Valerie no es lesbiana. Simplemente una tocacojones. Y no logro dormirme. Dejo aflorar mi odio proyectándolo sobre la cabeza de los tipos más estúpidos que conozco. Aunque estén de viaje por Japón o trabajando hasta altas horas de la madrugada y se empachen de pastillas, seguro que lo pueden sentir. Sigue sin sonar el móvil. Planeo mis próximos días evitando que quede nada al azar. Decido que los concursos de tapas de pueblo son lo más ridículo que existe justo después de las verbenas, y juro y perjuro ausentarme del mundo por un par de días. Y sin alcohol, que tiene más huevos.

Pero lo peor de todo es que una palabra tuya bastará para sanarme.

Friday, August 08, 2008

El talón de Aquiles no tiene fondos

Debe ser el desodorante. O la barba de tres días. Si tuvieras ojos de festival indie, todavía podría decir que eres cool, atractivo y fascinante. Pero no. No lo eres. Eres el mendigo de la séptima, el del carrito de los helados, el de la bolsa del sabeco, el del bastón, del cartón, del pastor alemán. Y yo soy la camarera de los cafés vespertinos, matutinos, de medio día, de media noche, de las copas, de los flanes, que se recita de memoria todo el menú del día. Polígono. Chicle. Bloc de notas. Factura. Libreta. Agenda. Móvil. Llaves. Oreja. Conversación. Pedido. Sábado. Próximo sábado. Retraso. Disculpas. Y yo soy quien te escucha bajarte los pantalones con decoro y sumisión, con calva y sudores de fin de verano.

Friday, July 11, 2008

Nada que decir, nada que contar

Decadente y turístico a partes iguales, este desierto que hoy inauguramos traerá de cabeza a una amplia mayoría de los mortales. Tatuaros bien mi nombre: después de la muerte no hay nada. Y cuando digo nada, es nada. Una via de servicio que corre pareja y paralela a la vida, a sus devenires, idas y venidas, a la que, en esa nada que nos envuelve, no dispondremos, nisiquiera, del beneficio de la duda. Ni podremos disfrutar del desconocimiento, ni del caos, ni de la guerra, ni de las alegrías, ni las penas, ni de los nacimientos ni de otras muertes como la nuestra. Nada.

Y por mucho que apretemos los ojos y veamos negro e intentemos hacernos a la idea de cómo es aquello, no lo lograremos. La nada es inmensa, eterna. Larga, muy larga.

Porque después de la vida no hay nada.

Friday, March 28, 2008

Qué guapa estás

Con esa sensación que se tiene los domingos por la tarde de que se ha parado el tiempo y los muebles sobran a lo largo de toda la casa y el silencio es demasiado desolador como para no encender la radio y atender con una fijación inusitada los resultados de primera, de segunda, el marcador polideportivo, las entrevistas con los protagonistas, la moviola, el análisis de la jugada, los anuncios de puritos, de refinanciación, de cerveza mahou, de riegos automáticos o de uralita. Con ese hueco en el estómago y el miedo a la luz del frigorífico y a los yogures de pera caducados, o el chorizo en la fiambrera que vino hace seis meses a casa y decidió instalarse ahí, en la cuarta balda, junto al membrillo, justo delante de una ridícula estalactita.

Escuchando a La buena vida martirizándose, así, con dos huevos. Pensando en quemar la biblioteca, o tirar el portátil por la ventana. Justo ahí. A esa marca que hay en el suelo. Donde mea la perra de la vecina. En la calle. La que cruza de lado a lado la ciudad.

En la que no estás.
Desde hace tiempo.

Wednesday, March 19, 2008

Octavo en la tabla

Las de resultados son las peores crisis que se pueden tener. O sufrir. Sin paliativos, sin paños calientes, sin duda. Que te engañe para que vengas a casa un sábado a las seis de la mañana, cuando de nosotros solo quedan rescoldos y restos, y no se me levante, es una grave crisis de resultados.

Tres años sin ganar títulos, sin acumular posesiones, sin salir a festejar a la Cibeles lo grande que la tenemos, es una grave crisis de resultados. No acertar ninguna de las respuestas en el examen, también. Y esperar durante horas que llegue la palabra precisa, la sonrisa perfecta, el acorde, la estrofa, y sólo ser capaz de articular sílabas incoherentes, es chungo.

Muy chungo.

Y tendría miles y millones y billones y trillones de ejemplos. Y el infinito, como un ocho borracho tirado en el suelo. Tú. Yo. Nosotros. Ellos. Los del fondo. Las de más allá. Todos con errores de forma, defectos de fábrica y graves crísis de resultados.

Imcompetentes sin solución de continuidad, días de diario, fines de semana.

Thursday, February 28, 2008

Cuántas chorradas hacen falta que cerrar este blog

Es insondable la sensación de pánico, hastía la premura, carcomen los nervios, asquea el horro vacui, tiemblan los temblores, se diluyen los orines, los miedos atacan por parcelas cada poro de la piel en ruta primero por la tripa, después en un asedio kamikaze por las ingles, en una guerra de guerrillas asolan manos, dedos, falanges y todo para descubrir en un impacto cruel, sádico y pernicioso cuán hijadeputa es la vida que vivimos, y cómo algo tan cercano, tan táctil, tan próximo como nuestra felicidad es meramente efímera, cómo en ese intervalo ridículo entre las diez menos diez y las diez de la mañana es capaz de irse, de evaporarse, de diluírse, desaparecer, negarse sin pedir ni cita previa ni avisar de su marcha, con una maleta liviana con la que salir corriendo por piernas.
Como una puta cualquiera.

La belleza está en la imperfección de las cosas. Me rio del David de Miguel Ángel cuando duermo junto a ti en nuestra cama.